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Titulo original: Coraline
Director:Henry Selick
Elenco: Dakota Fanning, Teri Hatcher, Ian McShane
Duración: 101 mins.
País de Origen: Estados Unidos
Año: 2009
nota

Un par de semanas atrás.
Calor insoportable y yo dando vueltas por un mall capitalino.
El cine tan grande y a las 4 de la tarde se sentía tan tentadora una película con la sala para nosotros y el sol bien lejos.

La opción fue una cinta infantil llamada “Coraline”. La sugerí porque había visto a Gonzalo Frías hablando de ella en su programa y deshaciéndose en elogios al arte puesto en la historia.

Dicho y hecho. Acurrucado en la butaca y con un paquete de cabritas grande – el cine vacío nos invitaba a dejar atrás el calor y a la gente para sumergirnos nuevamente, en una “de aquellas historias”.

Lo primero que te sorprende cuando comienza a rodar la cinta, es la forma en que esta hecha. Una especie de stop motion con figuras reales y retocadas con programas computacionales que le dan un aire especial y acogedor.

La escena de un muñeco que entra volando por la ventana y las manos metálicas que lenta y parsimoniosamente lo desarman para después armarlo bajo otra forma me embrujaron.

Ya después empezamos a entender de que va la historia:

Coraline se ha mudado a los Palace Apartments, un conjunto habitacional bastante particular ubicado en Pink Ashland, Oregon. Allí llega con sus padres, ambos muy querendones pero enfrascados en sus labores y roles de “adulto”.
Al poco andar, la niña se hace amiga de Wybie Lovat, un muchacho hablador que va a todas partes con su gato.

A los pocos días, el muchacho le regala a Coraline una muñeca que su abuela guardaba en el baúl. La particularidad es que la muñeca es Coraline; tal cual, una replica de ella en miniatura.

Y más raro aun, esa misma noche la niña despierta cuando escucha ruidos en su pieza.
Resulta ser que los ruidos lo hacen dos ratones que apenas ella se levanta, arrancan y se meten por una puerta pequeña que da a otro lugar.

Aquel lugar es igual a casa. Su padre y madre la esperan ahí, pero hay algo distinto: En vez de ojos, ambos tienen botones.

De ahí en adelante, Coraline deberá enfrentar este mundo paralelo que irrevocablemente se ha abierto y la tienta cada vez que la niña se niega a volver. Los dulces, la atención y el amor que allí se respiran no se pueden negar. A menos que te pidan que te cosas botones en los ojos.

“Coraline y la puerta secreta” es una hermosa película. Sus texturas, colores y el trabajo que se puso en el apartado visual viene respaldado con una historia “de aquellas”. Sencilla pero buena, donde el menos es más se entiende y respeta.
Basada en la exitosa novela homónima de Neil Gaiman, la película ha sido una de las más infravaloradas por la crítica nacional, pero como leí por ahí: “¿Es muy pronto para rotularla como un clásico instantáneo?”

Definitivamente la cinta lleva la animación a nuevas alturas y nos deja sin aliento y enamorados de la historia. Todo un descubrimiento dulce y agradable que se disfruta tan bien en medio del verano o con el repiqueteo de las gotas golpeando tu ventana.

“Coraline” es un logro cinematográfico. Un paso adelante. Un clásico instantáneo del cine.
PEACE OUT

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