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Titulo original: Hellraiser: Hellbound
Director: Tony Randel
Elenco: Clare Higgins, Ashley Laurence, Kenneth Cranham.
Duración: 97 min. mins.
País de Origen: Estados Unidos
Año: 1988
nota

Con Hellraiser: Hellbound (segunda película de la saga) comienzo una retrospectiva de Pinhead y los cenobitas.
Si bien la primera cinta fue comentada hace unos meses, ahora aseguro comentarios seguidos de las películas que hicieron famoso al escritor Clive Baker y sus sadomasoquistas y enfermizas creaciones.

La secuela, recoge el guante justo donde termino la primera parte. Pero aquí la trama gira en torno a la bella (y ochentena) Kirsty Cotton, quien es enviada a una institución mental después de los horribles acontecimientos acaecidos en la entrega previa.
Pero lejos de sanar, la chica empezara a ver visiones de su padre quien le suplica, lo rescate del infierno.

Pero a base de esa premisa, empiezan a salir patas diferentes y la historia se empieza a diluir con personajes como el Dr. Channard, quien experimenta con el cubo o bien Tiffany, otra interna que tiene habilidades con el cubo Rubik.

Para la mayoría de los fanáticos, esta película es un desvarío argumental en si, ya que no solo “abandona” el tramado troncal, sino que entra y sale de otras historias sin mucha consistencia de por medio. Pero así y todo la película funciona, al menos como un ejercicio visual que sigue potenciando y ensalzando la imagen wicked y pervertida de nuevos cenobitas que ayudan a Pinhead en su tarea de abrir un portal al este plano, para subyugar a la especie humana.

Al final, la trama empieza a aparecer y entendemos que el Dr. Channard decide ayudar a Kirsty y junto a ella y Tiffany, parten al infierno para enfrentarse a Pinhead.

La película es visualmente un K.O. Yo me embeleso con los animatronics, prostéticos, stop motion y el buen maquillaje. Si no hay CGI, tampoco hay excusas para echarlos de menos o hacer algo de pobre calidad. Aquí los ochenta (y las épocas previas) brillan supremos sobre sus contemporáneas, ya que con poco eran capaces de hacer mucho y jamás parecer falsos, puesto que todos los elementos usados eran tangibles (la técnica es discutible, pero no el aspecto visual). O sea, el empate de colores se realizaba con iluminación buena y edición, los planos de cámara eran “tal como eran” y la actuación no se disfrazaba tras pantallas verdes.

Eso si, a fin de no parecer un fanboy, concuerdo con el pastiche que se forma con la línea de tiempo que hay en la película, pero el mismísimo director a asumido esto y explicado que así quería que fuese.

Tal ves, y para los mas puristas, esta secuela marca el espiral descendente en el que empezó a caer la saga, la cual solo se veía unida por la estoica aparición de Doug Bradley como Pinhead.

Pronto, seguimos con la tercera entrega: Hell on Earth
PEACE OUT

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