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Titulo original: Moon palace
Autor: Paul Auster
Editorial: Anagrama
Año: 1989
Páginas: 310
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nota

Seguimos con los libros del neoyorkino Paul Auster.

Me agarro fuerte su literatura ¿Cuándo antes había leído más de cinco libros seguidos de un solo autor en espacio de semanas? Creo que solo pasó con Connan Doyle y Sherlock Holmes, pero de eso ya ha pasado bastante tiempo.

“El palacio de la luna” es lejos uno de los libros que mas me ha gustado de Auster. Reparo en el hecho –antes de empezar a hablar de la trama- del hilo conductor que recorre los libros de Auster. No solo el azar y el destino son tópicos reiterados en su literatura, sino que pequeños detalles y menciones de personajes o hechos de otros libros, son “el algo” que da vida a sus historias.

Ahora que ya he leído mas su producción, me percato de nombres, fechas y hechos mencionados en libros que hacen referencia (in)directa a otros libros, espaciados en el tiempo y el espacio pero atados por un cordón umbilical cortesía de la prolífica pluma de Auster. Y no puedo dejar de pensar en Huidobro, que decía que el autor es un pequeño dios, que hace y deshace a su antojo. Que conoce a sus personajes al revés y al derecho, tiene poder sobre ellos y aunque éstos se desarrollen mucho, el autor siempre los podrá eliminar o inmortalizar a su antojo; eso es Auster, un dios que rige la vida de todas sus creaciones, historias hilvanadas e íntimamente ligadas que nunca parecen terminar, sino que continúan en otro lugar, pero al fin y al cabo “el mismo lugar”.

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“El palacio de la luna” es como el epitome de las casualidades. El azar y el destino son el personaje principal, quizás tanto o más que T.S. Fogg quien plasma en este libro su historia, vida y el influjo que a luna siempre tuvo sobre el.

Su historia es como la de otros personajes Austerianos: un joven que pasa de ser alguien promisorio a no tener nada. A acabar –literalmente- en la calle y hurgando en basureros para sobrevivir.

El caso de Fogg obedece a la muerte de su tío Víctor, la cual desencadena una errante y solitaria vida de la cual solo puede salir gracias a su amigo Zimmer y Kitty Wu, con quien tendrá una larga historia de amor mas tarde.

Con ellos, Fogg estabilizara su vida y conseguirá un trabajo mas o menos decente cuidando al senil e irritable Thomas Effing, antes un famoso pintor llamado Julian Barber.

Con Effing, Fogg aprenderá un sinfín de lecciones que mas tarde aplicara en su vida. Pero más importante aun, tendrá la tarea de hacer una necrología para el viejo quien esta ad portas de morir. Esas historias son las encienden la imaginación de Fogg. El lejano oeste y como “murió” Julian Barber para dar paso a Thomas Effing, es la historia que da paso al resto de los sucesos por venir.

De ahí en cuestión, Marco Stanley Fogg emprenderá un viaje de auto descubrimiento, el cual le depara sorpresas inimaginables. La búsqueda de la identidad y la luna son la sal y pimienta del libro.

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La luna tiene dos caras, enciende nuestra imaginación, esta colgando sobre nosotros y vigila. Puede inspirarnos o llevarnos a la locura, simboliza el deseo del hombre de trascender, de lograr cosas grandes, de ser más de lo que es.

Así también, las similitudes entre Fogg y Auster son muchas. Solo por nombrar una, digamos que ambos nacieron el 1947. El resto, pues el resto véanlo ustedes cuando terminen el libro.

Los dejo con un video cortesía de James Houston y compañía. Todos inspirados por Auster y la luna.

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