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Titulo original: The Boy In the Striped Pyjamas
Autor: John Boyne
Editorial: David Fickling Books
Año: 2003
Páginas: 216
nota

Escrito por el irlandés John Boyne, “El niño con el pijama de rayas” se volvió un best seller éxitoso en todo el mundo.
Con ventas superiores a los 4 millones de ejemplares, el libro es una prueba del “menos es más”. Ya que escrito de forma muy sencilla, la historia de Bruno y Schmuel enternece y nos hace ver desde otro ángulo el drama y sinsentido de la segunda guerra mundial.

Todo parte cuando la familia de Bruno debe dejar su casona en Berlín por motivos de fuerza mayor: El padre debe obedecer órdenes y trasladarse al campo.
A regañadientes, Bruno parte con “la tonta” de su hermana y ambos padres.

La nueva casa no es grande, es fría y muy aburrida.
Bruno odia su nueva vida y por sobre todo el haber dejado a sus amigos-para-la-vida en Berlín.
Pero esta casa nueva oculta un secreto y es que desde la ventana de Bruno, se ve un campo inmenso donde la gente usa piyamas todo el día y trabaja de sol a sol. Allí se ven niños y por cierto, son muchos.

El espíritu curioso e inquieto de Bruno lo llevan a escabullirse en caminatas interminables que lo llevan muy lejos. Hasta un lugar donde lo espera su mayor hallazgo: Schmuel, un pequeño niño que solitario que mira el suelo sentado.

Sorprendidos en igual medida, los niños se saludan y cruzan un par de palabras.
El primer encuentro es memorable pero corto. Bruno vuelve a casa y decide guardar el secreto. Hay cosas que no entiende y personas de las que no gusta, como el soldado que coquetea con su hermana.

Lo “lindo” del libro radica en lo no contaminado que esta Bruno. El muchacho esta ajeno a todo y como niño, no entiende porque su tutor le dice que “los de afuera” son infrahumanos y deben ser considerados como enemigos.
Bruno vio a Hitler una vez que éste fue a cenar a su casa en Berlín, pero como no sabe si quiera quien es, piensa en el como un hombrecito mal educado y desagradable.

Bella historia. Yo demore un día en leer el libro y quede con una sensación extraña.
Los muchachos se alegraron mutuamente y vivieron como los niños que fueron.
Los adultos eran los contaminados y los gestores de toda la maldad.
Si solo Schmuel y Bruno hubiesen estado al mando…
PEACE OUT

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